MAQUIAVELO Y ARISTÓTELES (I)
Cuando se lee a Maquiavelo uno se siente trasladado a un escenario diametralmente opuesto al medieval, en donde primaba la moral religiosa como referente político. La moral y la política medieval habían cristalizado definitivamente con la Ciudad de Dios de S. Agustín y los caminos trazados por los Padres de la Iglesia y los filósofos escolásticos, dominicos y franciscanos. Con Maquiavelo la política aparece como un Renacimiento laico. Se produce una ruptura de aquel bloque anterior autoritario de corte eclesiástico lastrado por luchas intestinas, poderes temporales, subyugaciones papales a los emperadores y reyes, claudicaciones de los Papas ante los reyes de Francia (Aviñón), apareciendo la configuración de un mundo en el que el hombre se torna creador de sí mismo en sus aspiraciones, en sus pasiones y en sus singularidades. Es lo que ha venido en llamarse el individualismo renacentista, donde la preponderancia del poder sobre el derecho, de la práctica sobre la teoría, de la voluntad sobre la razón, se erige en predominio de la época. La declinación de la autoridad de la Iglesia se corresponde con el ascenso de la ciencia. El Estado, concebido como poder legislativo y dominio de hombres y haciendas, aflora con las naciones y suplanta a la aristocracia feudal aliándose con los ricos comerciantes. El panorama económico, político y cultural que presenta el S. XV, con el Renacimiento, abre una nueva brecha en la concepción social y en la liberación de las formas gubernamentales. La libre transacción comercial sugiere la libertad en la política. Aquí se gestan los primeros esbozos de participación democrática (entendida como participación de los sectores productivos del comercio en el gobierno de los Estados) con el derecho natural de la propiedad a la cabeza, La filosofía política de Locke dejará al respecto bien apuntalado ese hecho. La ciencia, con Copérnico, Kepler y Galileo, Francisco Bacon (el Barón de Verulamo) revela un mundo en el que el saber es poder y la utilidad su gozo. La configuración de una ciencia práctica que asigne un cambio tecnológico da lugar a la disociación de la ciencia teórica y a la exaltación de la técnica. La exaltación también del orgullo, del individualismo, de la anarquía, de la rebelión, se hace connatural a la pérdida de hábitos disciplinares que contribuían en otro tiempo a mantener cohesionada la convivencia de los pueblos europeos con referentes morales tradicionales. Los hechos históricos de esta nueva situación se vieron más tarde plasmados en las revoluciones americana y francesa (1776 y 1789), y posteriormente en Rusia (1905-1917). La aparición política de Maquiavelo es fruto de una época convulsa en Italia. Pero también convulsiones religiosas se hallan implicadas con la llegada de la Reforma y la Contrareforma con un Lutero y un Erasmo en el siglo dieciséis. Aún se podría subrayar el estudio, a partir del Renacimiento, de toda cuestión filosófica bajo la perspectiva subjetivista (Descartes, Berkeley, Leibniz (mónadas), Kant, Rouseau, Fichte y el Romanticismo en genera). CONTINUARÁ
miércoles, 29 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
MATERIALISMO FILOSÓFICO
MATERIALISMO FILOSÓFICO
Cuando me refería, más arriba, a que, con motivo de la tertulia en Intereconomía, que José Miguel nos trajo a la actualidad, el materialismo filosófico debería sentar plaza de ciudadanía en las tertulias cotidianas e incluso en el modo de comunicación periodística y el trato diario en la concepción de las cosas y el uso de las palabras, desplazando a cualquier otro materialismo registrado en la historia de la filosofía, me refería, digo, a la necesidad de precisar que con el término “MATERIALISMO” se trata de resaltar la operación con la materia, con las cosas, (no con espíritus ni ficciones), y su confrontación con el idealismo y el subjetivismo psicológico es evidente. Y en cuanto materialismo filosófico su confrontación con el materialismo histórico, también lo es (amén de otros muchos materialismos: sociológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, groseros (Holbach), culturales o religiosos.
Ahora bien, si la FILOSOFÍA opera con ideas, el materialismo filosófico es una concepción metodológica que teje la realidad por conjugación de las ideas y de las cosas: de las ideas a través de las cosas y de éstas a través de las ideas.
Por consiguiente, si se opera con el orden de las ideas y el orden de las cosas como mundos separados y exentos, como si de sustancias constituidas se tratara, se cae en sustancialismos historicistas que han dado lugar a concepciones de la historia de muy distinto calado, como por ejemplo el IDEALISMO HISTÓRICO, la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, el HUMANISMO CONSTITUIDO desde la margen del Dios providente y reparador (como EGO TRANSCENDENTAL), que vela por los derechos humanos y el buen nombre del hombre.
Las IDEAS, en este caso mueven el mundo y la historia, y ¿a qué precio? Al precio de que el orden de las cosas queda periclitado y reducido al de las ideas. Pero, ¿quién está detrás de esa fuerza ideal causante del movimiento y de la cristalización de la realidad?
Esta objeción sería un reparo para todo idealismo histórico absoluto. Y bastaría esta para considerarlo derrotado a la luz de la filosofía crítica.
Por el contrario, si prima el orden de las cosas por encima del de las ideas, éstas se tornarán epifenómenos o puros reflejos, “superestructuras”, diría Marx,
Es el caso del MATERIALISMO HISTÓRICO, donde se concibe la historia económica (con otros ingredientes) como el envolvente de la trama humana en sus dimensiones estructurales y superestructurales, ideológicas, culturales y religiosas.
No lejos de este materialismo histórico, ya consagrado como ideología y credo religioso, habría que reseñar los materialismos naturalistas al rebozo de Freud (el instinto), Nietzsche (la voluntad como poder), o Schopenhauer (la naturaleza como voluntad y representación).
El carácter metafísico e idealista que anida en él, amén de su sustancialismo, le invalida terminantemente. ¿Quién está detrás de esa fuerza mecánica programada, tanto si es exterior como interior o inmanente?
EL MATERIALISMO FILOSÓFICO, sin embargo, opera con las cosas y las ideas en una dialéctica conjugada; y en cuyo proceso, partiendo de términos y relaciones entre las mismas, se entreteje una construcción técnica, que da lugar a una idea salida de allí y transportada a otras situaciones similares o contrarias, dando lugar a organizaciones de un tipo o de otro que constituyen la llamada “realidad” o el llamado “mundo”. La idea de instrumento cortante (sílex), la idea de vacío entre dos superficies en una construcción, la idea de triángulo en una medida de distancia con un vértice de referencia, &c.
Esta es la razón por la que se dice que la filosofía es un conocimiento de segundo grado. Parte de la manipulación de las cosas, de una técnica de construcción, de un envolvente instrumental, de una necesidad de sobrevivir en un medio hostil al que se enfrenta de muy diverso modo o con la espada o con la palabra dando nombre a las cosas y abstraer su significado para otras.
La Polis, ya configurada política y económicamente ha sido el origen de la filosofía, porque es donde han podido tomar cuerpo ideas que luego han germinado y han proliferado en la historia de la filosofía como ideas generatrices de otras muchas. He ahí la idea de “Naturaleza” (Mi), la idea de Ego trascendental (E), la idea de Materia (M).
Cuando me refería, más arriba, a que, con motivo de la tertulia en Intereconomía, que José Miguel nos trajo a la actualidad, el materialismo filosófico debería sentar plaza de ciudadanía en las tertulias cotidianas e incluso en el modo de comunicación periodística y el trato diario en la concepción de las cosas y el uso de las palabras, desplazando a cualquier otro materialismo registrado en la historia de la filosofía, me refería, digo, a la necesidad de precisar que con el término “MATERIALISMO” se trata de resaltar la operación con la materia, con las cosas, (no con espíritus ni ficciones), y su confrontación con el idealismo y el subjetivismo psicológico es evidente. Y en cuanto materialismo filosófico su confrontación con el materialismo histórico, también lo es (amén de otros muchos materialismos: sociológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, groseros (Holbach), culturales o religiosos.
Ahora bien, si la FILOSOFÍA opera con ideas, el materialismo filosófico es una concepción metodológica que teje la realidad por conjugación de las ideas y de las cosas: de las ideas a través de las cosas y de éstas a través de las ideas.
Por consiguiente, si se opera con el orden de las ideas y el orden de las cosas como mundos separados y exentos, como si de sustancias constituidas se tratara, se cae en sustancialismos historicistas que han dado lugar a concepciones de la historia de muy distinto calado, como por ejemplo el IDEALISMO HISTÓRICO, la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, el HUMANISMO CONSTITUIDO desde la margen del Dios providente y reparador (como EGO TRANSCENDENTAL), que vela por los derechos humanos y el buen nombre del hombre.
Las IDEAS, en este caso mueven el mundo y la historia, y ¿a qué precio? Al precio de que el orden de las cosas queda periclitado y reducido al de las ideas. Pero, ¿quién está detrás de esa fuerza ideal causante del movimiento y de la cristalización de la realidad?
Esta objeción sería un reparo para todo idealismo histórico absoluto. Y bastaría esta para considerarlo derrotado a la luz de la filosofía crítica.
Por el contrario, si prima el orden de las cosas por encima del de las ideas, éstas se tornarán epifenómenos o puros reflejos, “superestructuras”, diría Marx,
Es el caso del MATERIALISMO HISTÓRICO, donde se concibe la historia económica (con otros ingredientes) como el envolvente de la trama humana en sus dimensiones estructurales y superestructurales, ideológicas, culturales y religiosas.
No lejos de este materialismo histórico, ya consagrado como ideología y credo religioso, habría que reseñar los materialismos naturalistas al rebozo de Freud (el instinto), Nietzsche (la voluntad como poder), o Schopenhauer (la naturaleza como voluntad y representación).
El carácter metafísico e idealista que anida en él, amén de su sustancialismo, le invalida terminantemente. ¿Quién está detrás de esa fuerza mecánica programada, tanto si es exterior como interior o inmanente?
EL MATERIALISMO FILOSÓFICO, sin embargo, opera con las cosas y las ideas en una dialéctica conjugada; y en cuyo proceso, partiendo de términos y relaciones entre las mismas, se entreteje una construcción técnica, que da lugar a una idea salida de allí y transportada a otras situaciones similares o contrarias, dando lugar a organizaciones de un tipo o de otro que constituyen la llamada “realidad” o el llamado “mundo”. La idea de instrumento cortante (sílex), la idea de vacío entre dos superficies en una construcción, la idea de triángulo en una medida de distancia con un vértice de referencia, &c.
Esta es la razón por la que se dice que la filosofía es un conocimiento de segundo grado. Parte de la manipulación de las cosas, de una técnica de construcción, de un envolvente instrumental, de una necesidad de sobrevivir en un medio hostil al que se enfrenta de muy diverso modo o con la espada o con la palabra dando nombre a las cosas y abstraer su significado para otras.
La Polis, ya configurada política y económicamente ha sido el origen de la filosofía, porque es donde han podido tomar cuerpo ideas que luego han germinado y han proliferado en la historia de la filosofía como ideas generatrices de otras muchas. He ahí la idea de “Naturaleza” (Mi), la idea de Ego trascendental (E), la idea de Materia (M).
MATERIALISMO FILOSÓFICO
MATERIALISMO FILOSÓFICO
Cuando me refería, más arriba, a que, con motivo de la tertulia en Intereconomía, que José Miguel nos trajo a la actualidad, el materialismo filosófico debería sentar plaza de ciudadanía en las tertulias cotidianas e incluso en el modo de comunicación periodística y el trato diario en la concepción de las cosas y el uso de las palabras, desplazando a cualquier otro materialismo registrado en la historia de la filosofía, me refería, digo, a la necesidad de precisar que con el término “MATERIALISMO” se trata de resaltar la operación con la materia, con las cosas, (no con espíritus ni ficciones), y su confrontación con el idealismo y el subjetivismo psicológico es evidente. Y en cuanto materialismo filosófico su confrontación con el materialismo histórico, también lo es (amén de otros muchos materialismos: sociológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, groseros (Holbach), culturales o religiosos.
Ahora bien, si la FILOSOFÍA opera con ideas, el materialismo filosófico es una concepción metodológica que teje la realidad por conjugación de las ideas y de las cosas: de las ideas a través de las cosas y de éstas a través de las ideas.
Por consiguiente, si se opera con el orden de las ideas y el orden de las cosas como mundos separados y exentos, como si de sustancias constituidas se tratara, se cae en sustancialismos historicistas que han dado lugar a concepciones de la historia de muy distinto calado, como por ejemplo el IDEALISMO HISTÓRICO, la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, el HUMANISMO CONSTITUIDO desde la margen del Dios providente y reparador (como EGO TRANSCENDENTAL), que vela por los derechos humanos y el buen nombre del hombre.
Las IDEAS, en este caso mueven el mundo y la historia, y ¿a qué precio? Al precio de que el orden de las cosas queda periclitado y reducido al de las ideas. Pero, ¿quién está detrás de esa fuerza ideal causante del movimiento y de la cristalización de la realidad?
Esta objeción sería un reparo para todo idealismo histórico absoluto. Y bastaría esta para considerarlo derrotado a la luz de la filosofía crítica.
Por el contrario, si prima el orden de las cosas por encima del de las ideas, éstas se tornarán epifenómenos o puros reflejos, “superestructuras”, diría Marx,
Es el caso del MATERIALISMO HISTÓRICO, donde se concibe la historia económica (con otros ingredientes) como el envolvente de la trama humana en sus dimensiones estructurales y superestructurales, ideológicas, culturales y religiosas.
No lejos de este materialismo histórico, ya consagrado como ideología y credo religioso, habría que reseñar los materialismos naturalistas al rebozo de Freud (el instinto), Nietzsche (la voluntad como poder), o Schopenhauer (la naturaleza como voluntad y representación).
El carácter metafísico e idealista que anida en él, amén de su sustancialismo, le invalida terminantemente. ¿Quién está detrás de esa fuerza mecánica programada, tanto si es exterior como interior o inmanente?
EL MATERIALISMO FILOSÓFICO, sin embargo, opera con las cosas y las ideas en una dialéctica conjugada; y en cuyo proceso, partiendo de términos y relaciones entre las mismas, se entreteje una construcción técnica, que da lugar a una idea salida de allí y transportada a otras situaciones similares o contrarias, dando lugar a organizaciones de un tipo o de otro que constituyen la llamada “realidad” o el llamado “mundo”. La idea de instrumento cortante (sílex), la idea de vacío entre dos superficies en una construcción, la idea de triángulo en una medida de distancia con un vértice de referencia, &c.
Esta es la razón por la que se dice que la filosofía es un conocimiento de segundo grado. Parte de la manipulación de las cosas, de una técnica de construcción, de un envolvente instrumental, de una necesidad de sobrevivir en un medio hostil al que se enfrenta de muy diverso modo o con la espada o con la palabra dando nombre a las cosas y abstraer su significado para otras.
La Polis, ya configurada política y económicamente ha sido el origen de la filosofía, porque es donde han podido tomar cuerpo ideas que luego han germinado y han proliferado en la historia de la filosofía como ideas generatrices de otras muchas. He ahí la idea de “Naturaleza” (Mi), la idea de Ego trascendental (E), la idea de Materia (M).
Cuando me refería, más arriba, a que, con motivo de la tertulia en Intereconomía, que José Miguel nos trajo a la actualidad, el materialismo filosófico debería sentar plaza de ciudadanía en las tertulias cotidianas e incluso en el modo de comunicación periodística y el trato diario en la concepción de las cosas y el uso de las palabras, desplazando a cualquier otro materialismo registrado en la historia de la filosofía, me refería, digo, a la necesidad de precisar que con el término “MATERIALISMO” se trata de resaltar la operación con la materia, con las cosas, (no con espíritus ni ficciones), y su confrontación con el idealismo y el subjetivismo psicológico es evidente. Y en cuanto materialismo filosófico su confrontación con el materialismo histórico, también lo es (amén de otros muchos materialismos: sociológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, groseros (Holbach), culturales o religiosos.
Ahora bien, si la FILOSOFÍA opera con ideas, el materialismo filosófico es una concepción metodológica que teje la realidad por conjugación de las ideas y de las cosas: de las ideas a través de las cosas y de éstas a través de las ideas.
Por consiguiente, si se opera con el orden de las ideas y el orden de las cosas como mundos separados y exentos, como si de sustancias constituidas se tratara, se cae en sustancialismos historicistas que han dado lugar a concepciones de la historia de muy distinto calado, como por ejemplo el IDEALISMO HISTÓRICO, la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, el HUMANISMO CONSTITUIDO desde la margen del Dios providente y reparador (como EGO TRANSCENDENTAL), que vela por los derechos humanos y el buen nombre del hombre.
Las IDEAS, en este caso mueven el mundo y la historia, y ¿a qué precio? Al precio de que el orden de las cosas queda periclitado y reducido al de las ideas. Pero, ¿quién está detrás de esa fuerza ideal causante del movimiento y de la cristalización de la realidad?
Esta objeción sería un reparo para todo idealismo histórico absoluto. Y bastaría esta para considerarlo derrotado a la luz de la filosofía crítica.
Por el contrario, si prima el orden de las cosas por encima del de las ideas, éstas se tornarán epifenómenos o puros reflejos, “superestructuras”, diría Marx,
Es el caso del MATERIALISMO HISTÓRICO, donde se concibe la historia económica (con otros ingredientes) como el envolvente de la trama humana en sus dimensiones estructurales y superestructurales, ideológicas, culturales y religiosas.
No lejos de este materialismo histórico, ya consagrado como ideología y credo religioso, habría que reseñar los materialismos naturalistas al rebozo de Freud (el instinto), Nietzsche (la voluntad como poder), o Schopenhauer (la naturaleza como voluntad y representación).
El carácter metafísico e idealista que anida en él, amén de su sustancialismo, le invalida terminantemente. ¿Quién está detrás de esa fuerza mecánica programada, tanto si es exterior como interior o inmanente?
EL MATERIALISMO FILOSÓFICO, sin embargo, opera con las cosas y las ideas en una dialéctica conjugada; y en cuyo proceso, partiendo de términos y relaciones entre las mismas, se entreteje una construcción técnica, que da lugar a una idea salida de allí y transportada a otras situaciones similares o contrarias, dando lugar a organizaciones de un tipo o de otro que constituyen la llamada “realidad” o el llamado “mundo”. La idea de instrumento cortante (sílex), la idea de vacío entre dos superficies en una construcción, la idea de triángulo en una medida de distancia con un vértice de referencia, &c.
Esta es la razón por la que se dice que la filosofía es un conocimiento de segundo grado. Parte de la manipulación de las cosas, de una técnica de construcción, de un envolvente instrumental, de una necesidad de sobrevivir en un medio hostil al que se enfrenta de muy diverso modo o con la espada o con la palabra dando nombre a las cosas y abstraer su significado para otras.
La Polis, ya configurada política y económicamente ha sido el origen de la filosofía, porque es donde han podido tomar cuerpo ideas que luego han germinado y han proliferado en la historia de la filosofía como ideas generatrices de otras muchas. He ahí la idea de “Naturaleza” (Mi), la idea de Ego trascendental (E), la idea de Materia (M).
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