MATERIALISMO FILOSÓFICO
Cuando me refería, más arriba, a que, con motivo de la tertulia en Intereconomía, que José Miguel nos trajo a la actualidad, el materialismo filosófico debería sentar plaza de ciudadanía en las tertulias cotidianas e incluso en el modo de comunicación periodística y el trato diario en la concepción de las cosas y el uso de las palabras, desplazando a cualquier otro materialismo registrado en la historia de la filosofía, me refería, digo, a la necesidad de precisar que con el término “MATERIALISMO” se trata de resaltar la operación con la materia, con las cosas, (no con espíritus ni ficciones), y su confrontación con el idealismo y el subjetivismo psicológico es evidente. Y en cuanto materialismo filosófico su confrontación con el materialismo histórico, también lo es (amén de otros muchos materialismos: sociológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, groseros (Holbach), culturales o religiosos.
Ahora bien, si la FILOSOFÍA opera con ideas, el materialismo filosófico es una concepción metodológica que teje la realidad por conjugación de las ideas y de las cosas: de las ideas a través de las cosas y de éstas a través de las ideas.
Por consiguiente, si se opera con el orden de las ideas y el orden de las cosas como mundos separados y exentos, como si de sustancias constituidas se tratara, se cae en sustancialismos historicistas que han dado lugar a concepciones de la historia de muy distinto calado, como por ejemplo el IDEALISMO HISTÓRICO, la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, el HUMANISMO CONSTITUIDO desde la margen del Dios providente y reparador (como EGO TRANSCENDENTAL), que vela por los derechos humanos y el buen nombre del hombre.
Las IDEAS, en este caso mueven el mundo y la historia, y ¿a qué precio? Al precio de que el orden de las cosas queda periclitado y reducido al de las ideas. Pero, ¿quién está detrás de esa fuerza ideal causante del movimiento y de la cristalización de la realidad?
Esta objeción sería un reparo para todo idealismo histórico absoluto. Y bastaría esta para considerarlo derrotado a la luz de la filosofía crítica.
Por el contrario, si prima el orden de las cosas por encima del de las ideas, éstas se tornarán epifenómenos o puros reflejos, “superestructuras”, diría Marx,
Es el caso del MATERIALISMO HISTÓRICO, donde se concibe la historia económica (con otros ingredientes) como el envolvente de la trama humana en sus dimensiones estructurales y superestructurales, ideológicas, culturales y religiosas.
No lejos de este materialismo histórico, ya consagrado como ideología y credo religioso, habría que reseñar los materialismos naturalistas al rebozo de Freud (el instinto), Nietzsche (la voluntad como poder), o Schopenhauer (la naturaleza como voluntad y representación).
El carácter metafísico e idealista que anida en él, amén de su sustancialismo, le invalida terminantemente. ¿Quién está detrás de esa fuerza mecánica programada, tanto si es exterior como interior o inmanente?
EL MATERIALISMO FILOSÓFICO, sin embargo, opera con las cosas y las ideas en una dialéctica conjugada; y en cuyo proceso, partiendo de términos y relaciones entre las mismas, se entreteje una construcción técnica, que da lugar a una idea salida de allí y transportada a otras situaciones similares o contrarias, dando lugar a organizaciones de un tipo o de otro que constituyen la llamada “realidad” o el llamado “mundo”. La idea de instrumento cortante (sílex), la idea de vacío entre dos superficies en una construcción, la idea de triángulo en una medida de distancia con un vértice de referencia, &c.
Esta es la razón por la que se dice que la filosofía es un conocimiento de segundo grado. Parte de la manipulación de las cosas, de una técnica de construcción, de un envolvente instrumental, de una necesidad de sobrevivir en un medio hostil al que se enfrenta de muy diverso modo o con la espada o con la palabra dando nombre a las cosas y abstraer su significado para otras.
La Polis, ya configurada política y económicamente ha sido el origen de la filosofía, porque es donde han podido tomar cuerpo ideas que luego han germinado y han proliferado en la historia de la filosofía como ideas generatrices de otras muchas. He ahí la idea de “Naturaleza” (Mi), la idea de Ego trascendental (E), la idea de Materia (M).
martes, 14 de septiembre de 2010
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Si se nos permite, voy a dar algunas referencias en las que se expone el concepto de "inversión antropológica" que, en general, tiene mucho que ver (o mejor todo que ver) con la polémica De Auxiliis (como ha dicho Bueno en reiteradas ocasiones). Algunas de estas referencias las ofrece Jara en su magnífico artículo (otras no).
Las referencias fundamentales en relación a este asunto son la Introducción a la Metafísica Presocrática que se ve completada con la segunda de las Cuestiones quodlibetales (siendo muy importantes para este asunto también la 4ª y la 9ª). Desarrollo de este planteamiento son la Introducción de Juan Antonio Hevia a la obra de Báñez http://nodulo.org/ec/2003/n013p01.htm y la reseña a esta obra (y perdón por la autoreferencia) publicada en el Catoblepas bajo el título "El condenado ... por desconfiado" (http://nodulo.org/ec/2003/n016p19.htm). Allí se expone con cierta precisión ese "meollo", en expresión de José Luis, relativo a la transformación de la ontoteología medieval en filosofía moderna y del que Jara traza sus líneas fundamentales.