miércoles, 29 de septiembre de 2010

MAQUIAVELO Y ARISTÓTELES (I)

MAQUIAVELO Y ARISTÓTELES (I)

Cuando se lee a Maquiavelo uno se siente trasladado a un escenario diametralmente opuesto al medieval, en donde primaba la moral religiosa como referente político. La moral y la política medieval habían cristalizado definitivamente con la Ciudad de Dios de S. Agustín y los caminos trazados por los Padres de la Iglesia y los filósofos escolásticos, dominicos y franciscanos. Con Maquiavelo la política aparece como un Renacimiento laico. Se produce una ruptura de aquel bloque anterior autoritario de corte eclesiástico lastrado por luchas intestinas, poderes temporales, subyugaciones papales a los emperadores y reyes, claudicaciones de los Papas ante los reyes de Francia (Aviñón), apareciendo la configuración de un mundo en el que el hombre se torna creador de sí mismo en sus aspiraciones, en sus pasiones y en sus singularidades. Es lo que ha venido en llamarse el individualismo renacentista, donde la preponderancia del poder sobre el derecho, de la práctica sobre la teoría, de la voluntad sobre la razón, se erige en predominio de la época. La declinación de la autoridad de la Iglesia se corresponde con el ascenso de la ciencia. El Estado, concebido como poder legislativo y dominio de hombres y haciendas, aflora con las naciones y suplanta a la aristocracia feudal aliándose con los ricos comerciantes. El panorama económico, político y cultural que presenta el S. XV, con el Renacimiento, abre una nueva brecha en la concepción social y en la liberación de las formas gubernamentales. La libre transacción comercial sugiere la libertad en la política. Aquí se gestan los primeros esbozos de participación democrática (entendida como participación de los sectores productivos del comercio en el gobierno de los Estados) con el derecho natural de la propiedad a la cabeza, La filosofía política de Locke dejará al respecto bien apuntalado ese hecho. La ciencia, con Copérnico, Kepler y Galileo, Francisco Bacon (el Barón de Verulamo) revela un mundo en el que el saber es poder y la utilidad su gozo. La configuración de una ciencia práctica que asigne un cambio tecnológico da lugar a la disociación de la ciencia teórica y a la exaltación de la técnica. La exaltación también del orgullo, del individualismo, de la anarquía, de la rebelión, se hace connatural a la pérdida de hábitos disciplinares que contribuían en otro tiempo a mantener cohesionada la convivencia de los pueblos europeos con referentes morales tradicionales. Los hechos históricos de esta nueva situación se vieron más tarde plasmados en las revoluciones americana y francesa (1776 y 1789), y posteriormente en Rusia (1905-1917). La aparición política de Maquiavelo es fruto de una época convulsa en Italia. Pero también convulsiones religiosas se hallan implicadas con la llegada de la Reforma y la Contrareforma con un Lutero y un Erasmo en el siglo dieciséis. Aún se podría subrayar el estudio, a partir del Renacimiento, de toda cuestión filosófica bajo la perspectiva subjetivista (Descartes, Berkeley, Leibniz (mónadas), Kant, Rouseau, Fichte y el Romanticismo en genera). CONTINUARÁ

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Si se nos permite, voy a dar algunas referencias en las que se expone el concepto de "inversión antropológica" que, en general, tiene mucho que ver (o mejor todo que ver) con la polémica De Auxiliis (como ha dicho Bueno en reiteradas ocasiones). Algunas de estas referencias las ofrece Jara en su magnífico artículo (otras no).
Las referencias fundamentales en relación a este asunto son la Introducción a la Metafísica Presocrática que se ve completada con la segunda de las Cuestiones quodlibetales (siendo muy importantes para este asunto también la 4ª y la 9ª). Desarrollo de este planteamiento son la Introducción de Juan Antonio Hevia a la obra de Báñez http://nodulo.org/ec/2003/n013p01.htm y la reseña a esta obra (y perdón por la autoreferencia) publicada en el Catoblepas bajo el título "El condenado ... por desconfiado" (http://nodulo.org/ec/2003/n016p19.htm). Allí se expone con cierta precisión ese "meollo", en expresión de José Luis, relativo a la transformación de la ontoteología medieval en filosofía moderna y del que Jara traza sus líneas fundamentales.